Tuvimos nuestra relación, donde yo no lo hice todo lo bien que debiera. Y, por supuesto, cuando bastante tiempo después me di cuenta de mi error y quise enmendarlo, decidiste, no sé si consciente o inconscientemente que era hora de darme una lección. Una valiosa lección, a decir verdad, que no he olvidado todavía.
Y es que no es suficiente con hacer las cosas bien, sino también en su momento. No existe el más vale tarde que nunca en el amor. Y no solo eso, también me hiciste ver algo que hasta entonces me había cegado: no era la única. Habían muchas más chicas. Chicas más delgadas, más morenas, más rubias, más inteligentes, con unos dientes más bonitos y bastantes centímetros más que yo. Me costó pillarlo pero lo hice.
Y por supuesto no estoy agradecida por todo lo que ocurrió, no es justo jugar con dos chicas por no tener las ideas bien claras, pero si lo estoy por lo que aprendí y las experiencias que llevo conmigo.
Sin duda ha sido una gran fuente de inspiración, directa o indirecta, para poder escribir, expresar los sentimientos y llevar a cabo todo lo que hago ahora. Fueron cuatro años intensos, apasionantes y dolorosos. Y en su momento llegué a un punto de inflexión en el que dije "hasta aquí". Y hasta allí fue. Por eso misma no estoy dispuesta a añadir un quinto año a todo esto. Tuve suficiente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario